Como ya hicimos en anteriores ocasiones (1), con la llegada de las Fiestas de Álava en honor a San Prudencio y Nuestra Señora de Estibaliz os compartimos un nuevo texto que nos permita conocer mejor algún aspecto histórico-artístico vinculado con estos icónicos espacios. En este caso, deseamos poner el foco en la llamada ‘Casa del Santo’ de Armentia, tradicionalmente asociada con el solar donde se ubicaría la casa en la que nació San Prudencio. ¿Qué sabemos sobre este inmueble? ¿Desde cuándo se localiza en esa parcela el hipotético lugar de nacimiento del patrón de Álava? ¿Y cómo se desarrolló la reforma que originó su aspecto actual?
Seguramente, todo el proceso de consolidación de los hitos principales de la vida de San Prudencio se aceleró con su designación como patrón de la provincia, un debate originado en las Juntas Generales a partir del año 1643-1644. Al siglo siguiente, la devoción se asienta con la redacción de una novena dedicada específicamente al santo, el surgimiento de varios grabados con su efigie y, ya en el año 1753, con la publicación del libro Vida de San Prudencio, de Bernardo Ibáñez de Echávarri (2).
En este último volumen encontramos las primeras pistas relevantes sobre la casa natalicia del Santo. Tratando de defender el nacimiento de Prudencio en la Armentia alavesa, frente a la Armentia emplazada en el Condado de Treviño, Ibáñez de Echávarri menciona la existencia en Armentia de una iglesia dedicada a San Julián y Santa Basilisa, situada enfrente:
No de aquella grande casa en que nació San Prudencio, pero sí en el mismo sitio, y a vista de una pequeña casa de labranza, en cuya portada, y arco de piedra sillar se leen estas palabras: «En esta casa nació San Prudencio».
Por desgracia, el autor no tiene una gran capacidad narrativa, y muchas partes del texto resultan algo confusas. En este sentido, el texto de Ibáñez de Echávarri es muy valioso por haberse publicado antes de que la basílica de Armentia fuera profundamente reformada, pero su nula capacidad de écfrasis nos impide conocer en mayor detalle muchos aspectos que hoy nos parecerían fundamentales. En cualquier caso, en ese breve fragmento ya se anota que una sencilla casa de labranza ostenta el letrero alusivo al lugar natalicio. Si para entonces ya se habían preocupado de explicitarlo por escrito, seguramente la identificación del lugar se daría tiempo atrás, sin que podamos determinar qué o quién pudo sugerirlo.
Algo más adelante, Ibáñez de Echávarri regresa sobre el tema al describir el “estado presente de el lugar de Armentia” en ese momento de mediados del siglo XVIII. Y ahí nos aclara la circunstancia de que el pueblo contaba en ese entonces todavía con dos iglesias:
La situación actual de el lugar de Armentia, que comprehende dos Templos, y veinte y siete casa de labradores esparcidas […] La una iglesia es de la advocación de el apóstol San Andrés: esta situada el septentrión, y sus puertas principales al medio día, y existe en el barrio que ahora se llama Elexalde, y en lo antiguo Elizalde, que es lo mismo, y significa en vascuence el barrio al lado, o junto a la iglesia. La otra es de San Julián, y Basilisa, situada al Levante, u Oriente, y su puerta principal al medio día, permanece, sin haber mudado el nombre, en el barrio de Mendive, donde la fundo Ildemiro; y Mendive palabra vascongada quiere decir: Debajo de el monte.
Clarificada la ubicación de ambas iglesias, el texto remite ahora a “lo especial que tiene Armentia”, “digno de la mayor estimación de los alaveses”:
La Casa Nativa de San Prudencio su paisano, y patrono, porque fue la cuna desde donde se levantó este gigante de la gracia para correr el camino de las virtudes […] sabemos que San Prudencio nació en un Palacio, o Casa grande: que sus padres eran muy ilustres, y poderosos, y de familia autorizada, y distinguida”.
No solo sitúa la casa, también se atreve a marcar la importancia y rango de sus progenitores. De hecho, sobre la “patria, casa y padres” volverá a hablar algo más adelante, coincidiendo en que “aun hoy subsiste en el repecho llamado Mendive, en una casa grande entonces, y hoy muy pequeña, que formaba Angulo con el Cementerio de aquella parroquia, y en nuestros días le forma con unas eras de labranza, sin más distinción, que tener sobre el arco de piedra labrada del umbral la efigie de nuestro Santo con un letrero, en que se dice haber nacido allí”.
E Ibáñez de Echávarri, en una sensacional pirueta genealógica, sin poder definir muy bien a los supuestos padres de Prudencio –Simón y Sancha–, pretende mostrar la posterior ramificación de la familia, entroncando con gran cantidad de personajes ilustres, y con una sucesión de linajes, entre los que destacan los Vela y los Ladrón de Guevara. Gracias a este árbol genealógico legendario, el autor consigue incluso emparentar al patrón de Álava con el de Guipúzcoa, remontando aguas arriba la supuesta genealogía de la madre de Ignacio de Loyola.
En ese mismo momento, el poder político y religioso de la provincia estaría iniciando las gestiones para promover un ambicioso proyecto constructivo en Armentia. De este modo, se habla de unas primeras cantidades de dinero destinadas a que se “invirtiesen, y empleasen en la construcción y fabrica de una Basílica, Capilla o Altar de el Santo en el Lugar de Armentia donde fue nacido”. Entendemos, por tanto, y así se nos confirma en un documento de 1763, que la idea era “fabricar con la maior brebedad en el lugar de Armentia y a ser posible en la casa que nació el santo, una basílica de la maior decencia” (3).
La dificultad económica y logística –pues se alude al deber de adquirir la casa y construir una nueva al propietario– hará que el proyecto decaiga, suspendiéndose en 1765, aunque para entonces existía incluso una traza realizada por el arquitecto Francisco de Echanove. Y una década más tarde se emprenderán nuevos esfuerzos, destinados ahora a remodelar la primitiva iglesia románica de San Andrés –la basílica actual de San Prudencio–, conservada seguramente en un delicado estado. Fruto de esa agresiva intervención, iniciada en 1776, es el aspecto actual del templo armentiense. Pero como acabamos de comprobar, la historia pudo se otra de haberse iniciado la nueva construcción en el solar de la vieja casa natalicia de San Prudencio.
***
Poco después, esta historia iba a tener un inesperado giro de guion. Entre 1806 y 1808 la casa de labranza sería reconstruida de forma espectacular, con la intervención del más ilustre arquitecto neoclásico de la provincia, Justo Antonio de Olaguibel. ¿Cómo pudo llevarse a cabo este proyecto?
Aquí entra en juego un personaje fascinante, y muy poco (re)conocido en la actualidad: Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (1756-1832). Nacido en Arroiabe, descendía de dos ilustres familias de la nobleza rural alavesa: siendo hijo de Andrés Díaz de Espada y López de Ondategui, nacido en Armentia; y de María Fernández de Landa y Ruiz de Azúa, natural de Arroiabe. Entre sus abuelos paternos, se alude a Eugenio Díaz de Espada y María López de Ondátegui, naturales de Armentia; y en el caso de los maternos, a Ignacio Fernández de Landa y María Ignacia Ruiz de Azúa, naturales de Ullivarri Gamboa y Arroiabe respectivamente (4).
Según su declaratoria de hidalguía, ambas familias tenían un profundo arraigo en el territorio y, en el caso de la rama paterna, sostenían que San Prudencio era un remoto ascendente de ellos. Pero lo más importante es constatar que Juan José Díaz de Espada era, por aquel entonces, obispo de La Habana, ciudad a la que llegó en 1802, ejerciendo una gran influencia renovadora en toda su Diócesis. Y convirtiéndose, con un marcado carácter ilustrado, en una figura de referencia a la hora de promover distintos avances y mejoras en infinidad de ámbitos. Estamos por tanto ante un obispo alaves del siglo XIX que puede sostener, gracias a la tradición familiar, ser heredero del obispo y santo alavés por antonomasia: San Prudencio. Una inesperada carambola que determinará la transformación de la casa familiar en Armentia.
Así, el propio Díaz de Espada apunta:
En la casa nativa de mi padre y abuelos, de tiempo inmemorial, que está en el pueblo de Armentia […] se halla sin noticia de otro origen que el de la tradición, encima de la puerta principal, que es un arco sencillo de piedra sillería, la imagen de San Prudencio […], en pintura de medio cuerpo, con las insignias de Pontifical, y debajo la inscripción siguiente: “En esta casa nació san Prudencio”.
Queda claro en su escrito que el único argumento para sostener la designación de la casa del Santo es la tradición. Y queriendo seguramente aportar en lo posible a la mejora y engalane del inmueble, describe:
Yo no sé si el primo mío (Prudencio Díaz de Espada) del mismo apellido, que la habita, la habrá reedificado estos últimos años, porque era muy vieja y pensaba en ello. Pero si no lo ha hecho, se le dará lo correspondiente para el costo de una casa sencilla y cómoda sin lujo, proporcionada al pueblo, y a las facultades moderadas del que la habita; y al mismo tiempo se le hará en el mismo paraje una portada de un sencillo adorno, que puede ser el adjunto diseño.
Debemos entender que, en el momento de iniciarse las gestiones, Juan José Díaz de Espada estaba en Cuba, por lo que comisionó a un amigo para que pudiera llevar a cabo las pesquisas y la reforma. Es interesante que aluda incluso a un diseño-dibujo, pues fue un personaje muy implicado en la renovación arquitectónica y de las artes, gran promotor del neoclasicismo, y seguramente con una idea muy clara de lo que buscaba. Por ello, en su descripción continua:
Se hará un busto de dicha imagen de mármol blanco o alabastro, sobre un pedestal bajo del cual se renovará dicha inscripción en la lapida que va diseñada de esta manera:
Como es bien sabido, el proyecto recayó en Olaguibel, que para entonces ya había alcanzado renombre en Vitoria con su labor en la plaza nueva, los Arquillos o en la fachada del convento de la Magdalena. Siendo este uno de los pocos proyectos, si no el único, que realizó a lo largo de su vida para un cliente particular. Además, en la parte escultórica se sumó al murciano Alfonso Giraldo Bergaz, quien hizo entrega del busto en mayo de 1807.
Con la reforma de la fachada, también se aplicaron otras mejoras, “desapareciendo el borde y los demás locales que en la planta baja eran destinados a cuadras, y en el exterior servían de pajares y cabaña”. Como se apunta, ya no es una casa de labranza, pues “sus paisanos de hoy le quieren dar superior sentido”. Y, como anotaba José Martínez de Marigorta en la interesante monografía titulada San Prudencio de Armentia y su maestro San Saturio (publicada en 1939) (5), en el piso superior se habilitó un oratorio con la figura de San Prudencio acompañada de San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier, cumpliéndose así, quizás sin saberlo, con la idea de 1763 de dedicar un altar o capilla en la casa nativa del patrono de la provincia.
Para terminar, un puñado de fotos antiguas, ya con la reforma de Olaguibel efectuada, con la característica fachada de orden gigante que todavía hoy podemos disfrutar al pasear por Armentia. Esperamos que esta sencilla entrada sirva para conocer algo mejor este curioso lugar, marcado por la tradición y la leyenda, y por el empuje de un obispo ilustrado que supo aprovechar su legendaria vinculación con San Prudencio.
(1) En 2023 publicamos un texto sobre las reliquias de San Prudencio: https://alavamedieval.com/las-reliquias-de-san-prudencio-idas-y-venidas-de-un-cuerpo-desmembrado/. Y en 2024 sobre el magnífico tetramorfos del templo armentiense: https://alavamedieval.com/el-tetramorfos-de-armentia-el-secreto-mejor-guardado-del-templo/
(2) Véase Ibáñez de Echávarri, Bernardo. Vida de San Prudencio (Vitoria: Thomas de Robles y Navarro, 1754). Consulta online: https://catalogo.sanchoelsabio.eus/Record/emd-10357-1594
(3) Para conocer mejor toda la documentación alusiva a este proceso, véase el completísimo artículo de Jesús Sobrón Ortiz, “Obras ejecutadas en la basílica de San Prudencio de Armentia (1562-1982)”, en Sancho el sabio: Revista de cultura e investigación vasca, n.º 24, 2006, págs. 111-164.
(4) Acerca de la figura de Juan José Díaz de Espada, véanse Obispo Espada: ilustración, reforma y antiesclavismo (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1990) y Obispo de Espada: papeles (La Habana: Ediciones Imagen Contemporánea, 1999).
(5) Véase Martínez de Marigorta, José. San Prudencio de Armentia y su maestro San Saturio (Vitoria: [s.n.], 1939). Consulta online: https://catalogo.sanchoelsabio.eus/Record/emd-10357-1594

