Una puerta digital abierta al patrimonio

Ermita de San Pedro de Quilchano

ÍNDICE

  • Introducción
  • Vídeo
  • Imágenes 360º
  • La restauración de la iglesia
  • Fotografías antiguas
  • Sobre la iglesia
  • Localización

Introducción

Situada en una pequeña colina cercana a Argómaniz, no muy lejos del parador, la ermita de San Pedro de Quilchano se erige como un pequeño templo de origen románico. Aunque su primera mención pueda remontarse al siglo XI, la primera noticia documental que tenemos sobre este lugar data de 1257, cuando se nombra el pueblo de Gulciano. Así, esta iglesia es la antigua parroquia de una aldea del mismo nombre. Sin poder concretar una razón y fecha exacta, el despoblamiento de esta primitiva localidad puede constatarse para el año 1484, momento en el que la villa de Elburgo se disputa la posesión del terreno con Iñigo de Guevara, conde de Oñate. La iglesia de San Pedro, a pesar de su aparente modestia y sencillez, es un buen ejemplo de cómo las iglesias románicas se van adaptando con el paso de los siglos llegando a soluciones sorprendentes en época reciente.

VÍdeo

imágenes 360º

Fotografías antiguas

Las fotografías realizadas a la ermita en los años cuarenta nos muestran un aspecto completamente diferente. Gracias a ellas, podemos observar el aspecto que tuvo esta iglesia antes de su última restauración. Con ello, estas fotografías nos dan la opción de apreciar elementos arquitectónicos hoy en día desaparecidos. Aunque es fácilmente visible el estado de semiabandono que tuvo la iglesia, entre los elementos perdidos nos llama la atención el porche ubicado en el lado oeste. Siendo la única entrada al templo, la puerta y el porche fueron retirados por los problemas estructurales que causaban. Junto a la vista general de la iglesia, las fotografías también nos muestran los dos ventanales románicos. Aunque ambos estén cegados y algo deteriorados, su aspecto no dista mucho del actual.

La restauración de la iglesia

La iglesia de San Pedro ha sufrido varias restauraciones a lo largo de su historia, siendo algunas más visibles que otras. Así, la fisonomía de la actual ermita es, mayormente, el resultado de la combinación de las reformas surgidas en el siglo XVIII, cuando se sustituyen las bóvedas y desaparece la espadaña, y una última gran reforma realizada en los años noventa. Es en esta última cuando se decide tirar el muro oeste para construir una gran cristalera que sirve a su vez como entrada al templo. Con ello, mientras se solventan los graves problemas estructurales del edificio, esta gran cristalera ayuda a intuir el tamaño original que tuvo la iglesia en sus orígenes. Junto a este añadido también se sustituyó la cubierta y se eliminó el porche. En consecuencia, lo que pretendía esta restauración era consolidar los elementos esenciales y primitivos del templo, mientras se reforzaba el edificio. Con la idea de huir de una falsa reconstrucción del pasado, se optó por aportar nuevos elementos que ayudarían a su interpretación y conocimiento.

La ermita de San Pedro de Quilchano

Sobre la ermita

La primera iglesia de Quilchano, datada en el siglo XII, tuvo una única y sencilla nave que finalizaba en un ábside recto. Con un tamaño algo superior, eso sí, el primitivo templo tuvo en su día una puerta de acceso en el muro sur, que desapareció a lo largo del tiempo. En la actualidad, de esta primera construcción sólo se conserva parte de la cimentación y dos ventanas románicas todavía visibles alrededor del templo.

A causa de un desprendimiento de tierra, esta primera iglesia sufrió un derrumbe parcial, lo que obligó, a comienzos del siglo XIV, a reconstruir una parte del edificio. Así, aprovechando los mismos materiales y basándose en la planta original, la iglesia se rehízo con alguna alteración. Tras la reconstrucción, la aldea se despobló y la iglesia fue paulatinamente abandonada en los años restantes hasta acabar en un estado de semiabandono.

El exterior

Dos de los elementos más destacados de esta iglesia son, sin lugar a dudas, sus ventanales románicos. Fechados a finales del siglo XII, siguiendo una cronología típica de la Llanada alavesa, estas ventanas son, junto a parte de la cimentación, los únicos restos de la primera iglesia de Quilchano.

Aunque no se piensa que el emplazamiento actual de las ventanas se corresponda con su lugar original, uno de estos ventanales se sitúa en la cabecera. Su decoración se basa en una doble arquivolta de medio punto donde los arcos descansan en impostas lisas. Por otro lado, los fustes destacan por su elegante decoración. Mientras que los derechos tienen una labra a base de cestería, los del lado izquierdo muestran una retícula de flores. Por otro lado, los capiteles exteriores muestran una decoración vegetal. Los interiores, en cambio, representan varios animales enfrentados, de cuyas bocas emergen roleos vegetales.

El ventanal del lado sur tiene un solo arco y un sobrearco algo más apuntado. Con una imposta lisa, este fuste también destaca por su diseño de flores reticuladas. En este caso, los capiteles derechos muestran decoración ondulante, algo deteriorada, mientras que en el lado izquierdo se aprecian elementos vegetales, esta vez basados en hojas de roble y volutas.

Desde el exterior, llama la atención la gran cristalera construida en la última restauración del templo. Este añadido, que da más luminosidad al templo, simula ser una continuación de la nave principal del templo, dando a intuir el tamaño original de la primera iglesia, algo más grande que la actual.

El interior del templo

En el interior encontramos diversas capas pictóricas que nos hablan también de las múltiples fases constructivas y reestructuraciones que ha sufrido la iglesia. De la fase medieval se conservan varios despieces de línea simple en color rojo sobre blanco, una decoración típica de las iglesias románicas alavesas, especialmente frecuente en la zona de la Llanada, pero que también se observa en otros puntos del territorio.

Sin embargo, de la fase correspondiente al siglo XIV se conservan también algunos vestigios cromáticos, principalmente en el muro sur, donde se aprecian una especie de cenefas en amarillo delineadas en negro. Es interesante comprobar cómo la pintura transforma y actualiza en clave gótica los arcos de la iglesia románica.

A pesar de ello, la mayor parte de las pinturas que se aprecian en el interior del templo corresponden a la tercera fase constructiva de la iglesia. Estas pinturas son mucho más sencillas y básicamente cubren de color rojo la superficie de la pared. De esta fase, quizá lo más llamativo sea el trampantojo de la hornacina del muro norte, en el que se intuye la forma de un templete con columnas clásicas y una escalinata de acceso. Este tipo de decoración probablemente fue un complemento a alguna imagen que presidiría este espacio.

En el interior también se pueden observar, además de las ventanas románicas antes descritas, varias aberturas. En el muro sur encontramos un hueco con arcos geminados que se corresponde con la antigua credencia o armario litúrgico que se utilizaba en época medieval para guardar los elementos del culto.

Finalmente, debemos comentar la única talla que ha sobrevivido del templo. A falta del antiguo retablo barroco que cubría gran parte del ábside, se conserva la imagen de San Pedro, que es la que preside la iglesia en la actualidad.

LOCALIZACIÓN

Créditos fotográficos:

De las fotografías actuales: © Alava Medieval / Erdi Aroko Araba

De las fotografías antiguas: Archivo del Territorio Histórico de Álava.

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