Parroquia de San Julián y Santa Basilisa de Oreitia

Historia y ubicación

La localidad de Oreitia se ubica geográficamente en la llanada alavesa, concretamente en la llanada occidental, a pocos kilómetros de la capital Vitoria-Gasteiz. Como la gran mayoría de los pequeños núcleos urbanos que salpican esta región alavesa, su historia arranca en los primeros siglos medievales y, con ello, la historia de su iglesia. Lo que hoy podemos ver nos habla de un pasado medieval muy rico, un exultante siglo XVI y un no menos interesante barroco. Esta parroquia, como ocurre habitualmente, muestra como si de un espejo se tratara la historia de un pueblo que ha crecido y vivido en estrecha relación con ella.

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Parroquia de San Julián y Santa Basilisa de Oreitia.

La etapa medieval

En cuanto al pasado medieval de Oreitia, comenzamos a tener noticias de su existencia a principios del siglo XI (aparece citado en la Reja de San Millán) y su momento de mayor expansión económica parece ocurrir durante los siglos XIII y XIV, como se desprende de los ricos restos que de la construcción de esta época nos han llegado. En el siglo XII, la llanada bascula entre Navarra y Castilla fruto de incesantes guerras entre ambos bandos, mientras que el siglo XIII trae la paz a las tierras alavesas y se intensifica la vida comercial con Salvatierra y Vitoria como principales focos económicos. Oreitia se sitúa a medio camino entre ambos, muy cerca del Camino de Santiago, lo cual favoreció la prosperidad del municipio. Es en este contexto de bonanza en el que se inician las obras medievales, en un estilo que está a caballo entre en románico tardío y la llegada del gótico. De esta antigua fábrica hoy conservamos numerosos vestigios de importante valor. Entre ellos destaca el ábside y su decoración escultórica, pues se encuentra entre uno de los más ricos de la llanada occidental, cuya colección de canecillos muestra la originalidad con la que se resolvió su decoración.

Por otra parte, han llegado hasta nuestros días una buena portada de arco apuntado y un ventanal de medio punto, ambos fechables en torno al siglo XIII. Los capiteles de la portada tienen una decoración vegetal sencilla, pero el primer capitel de la izquierda muestra una lucha entre un ángel y un monstruo, figurando tal vez la escena apocalíptica de San Miguel luchando contra el dragón.

La ampliación del siglo XVI

En el interior de la iglesia, la cubrición de los dos primeros sectores medievales ofrece ciertas dificultades cronológicas ya que tiene un perfil muy similar al de las bóvedas del XVI. Sin embargo, los capiteles sobre los que se apoyan y los sistemas tan moldurados (pilares compuestos con semicolumnas y baquetones) nos hablan de una obra de tiempos medievales. Pero las dificultades aumentan cuando vemos que los capiteles que soportan la bóveda de crucería del primer tramo muestran una ejecución más fina de simples molduras. Aunque no podamos precisar la fecha en la que fue construida esta bóveda, sí podemos decir que fue en un momento anterior a la ampliación del XVI ya que se observa cómo el segundo arco triunfal queda incrustado en la nueva cubierta de época moderna, dejando huellas de ello visibles tanto desde el interior de la iglesia como desde las entrecubiertas.

El sotocoro es una buena obra de la segunda mitad del siglo XVI hacia sus finales. Sobre cuatro grandes columnas decoradas con motivos geométricos, recorre todo el ancho del segundo tramo a los pies del templo sobre un arco escarzano moldurado. En sus enjutas se esculpe una interesante anunciación de corte romanista por el monumentalismo de las figuras, de herencia miguelangelesca. Se cubre con una buena bóveda nervada en cuya clave central aparece la inmaculada concepción. El antepecho es una de las partes mejor trabajadas del conjunto. Se decora con una hilera de recuadros calados con caprichosas formas rectilíneas, flanqueados por pilastras jónicas. A grandes rasgos sigue el mismo esquema que aparece en el antepecho del sotocoro de Betoño y más concretamente de Estarrona.

 

La decoración del siglo XVII

Entrado el siglo XVII, se inicia la construcción del pórtico que cubre la portada románica. En el libro de fábrica de la parroquia, se dice expresamente la cantidad de carretas que fueron necesarias para trasladar los grandes bloques de piedra arenisca y se especifica que fue durante los años 1635 y 1636 cuando se llevó a cabo su construcción. Es concebido con una finalidad más práctica que decorativa o artística y es por ello que se opta por una piedra fácil de esculpir como es la arenisca y se solventa con sendas columnas de orden toscano. Pero quizá el pueblo decidiera construir un pórtico de factura sencilla y poco costoso pues tenían en mente la ejecución del retablo mayor que hoy decora la cabecera. El retablo se compone de banco, dos cuerpos desplegados en tres calles y dos entrecalles, con ático en su parte más alta.

Conclusiones

Dicho esto, podemos aventurar unas primeras conclusiones. La cabecera debió erigirse a lo largo del XIII como demuestra la decoración de los canecillos típicamente románica. Sin embargo, las cubiertas y la decoración de sus capiteles nos hablan de un momento más avanzado pues observamos ya trazas marcadamente góticas. Éstas debieron iniciarse por la cabecera a fines del XIV y se concluyeron cubriendo el primer tramo ya entrado el siglo XV como lo señalan los capiteles moldurados del segundo arco triunfal. Unos años más tarde, y con esta parte de la iglesia ya concluida, fue cuando arrancarían las obras del segundo tramo de la iglesia en pleno siglo XVI.