Iglesia de San Vicente de Hueto Abajo

El pueblo de Hueto Abajo ya aparece en el documento de la Reja de San Millán, junto con el vecino Hueto Arriba, los cuales en total aportan tres rejas, lo que hace referencia a una población considerable. En 1332 la Cofradía de Álava consiguió que el territorio al que pertenecían Hueto Arriba y Hueto Abajo, cedido al monarca Alfonso XI y bajo jurisdicción realenga desde entonces, no perdiera jamás esa condición. Sin embargo, Alfonso XI mantuvo su promesa a medias, puesto que treinta años más tarde entregó los dos Huetos a la familia Hurtado de Mendoza, para que estableciera allí su señorío. La iglesia de San Vicente de Hueto Abajo es uno de los ejemplos más notables del románico del siglo XIII en Álava. Su contundente verticalidad quedaba oculta bajo un sinfín de construcciones adosadas a los muros en su exterior, hasta tal punto que la portada había quedado oculta por una sacristía que fue retirada durante una reciente intervención. Esta restauración ha permitido discernir también varias fases constructivas del edificio, siendo la más antigua de ellas el muro oeste, que debió pertenecer a una iglesia prerrománica anterior.

Hueto Abajo

Salida desde la oficina de turismo de Vitoria-Gasteiz

Sin embargo, una de las cosas que más destaca al exterior es el ábside poligonal compuesto por cinco ochavos, que nos recuerda a la factura de Tuesta. Allí conviven la elegancia de la nueva influencia gótica -con sus majestuosos estribos que le dan altura al templo- y la belleza del románico -en la colección de canecillos que ornamentan el alero-. El ábside queda dividido por una sencilla línea de impostas que lo separa en tres secciones en las que se puede apreciar el cambio de aparejo: de sillería de calidad el central y los otros dos de mampostería. Los ventanales que se abren en esta zona tienen decoración vegetal, especialmente de hojas de acanto, pero hay algunas columnillas que no poseen capiteles labrados, sino que en su lugar muestran unas incisiones en diagonal, esquemáticas, propias de la zona de la Montaña Alavesa. Todo ello queda rematado por arcos que exhiben el consabido ajedrezado jaqués.

En cuanto a los canecillos, representan uno de los conjuntos más cuidados de todo Álava, destacando por su calidad escultórica y por su rica originalidad. Algunos de ellos, además, conservan algún resto de policromía. Los de la cabecera, de norte a sur, muestran: la cabeza de un hombre con una poderosa nariz, la testa de un felino, cabezas de animales varios, el busto de un hombre con ropajes, una mujer con barbuquejo y manos alzadas, un hombre con cara simiesca, otro con la cabeza hacia abajo, un rostro de mujer caricaturesco mostrando sus dientes, una cabeza animalesca de orejas puntiagudas con garras, una doble faz, un rostro de anciano con arrugas, un posible escribano (identificado por Micaela Portilla con Juan Mateo Ferradar, natural de los Huetos y cobrador a finales del siglo XIII), cabezas de animales y seres humanos, un hombre con túnica y melena corta, unos púgiles luchando entre sí, un rostro de hombre con barba bífida, y una mujer con un sapo y una culebra colgando de sus pechos, (éstos dos últimos símbolos de la lujuria), un águila con su presa, un ser monstruoso que se apoya sobre zarpas y finalmente una representación del Leviatán, la monstruosa boca del infierno, engullendo a una persona de la que sólo se le ven las piernas

La portada se encuentra en la zona sur, como viene siendo habitual en las iglesias alavesas, y se encuentra protegida por un pórtico. A pesar de la estructura gótica de su portada, el contenido escultórico es plenamente románico. Destaca allí la presencia del tema de la Dama y el Caballero en dos ménsulas, muy profuso en Álava, y probablemente en conexión con los patronos del templo. En las columnas de la derecha encontramos una franja decorativa de hojas, más propia del gótico que del románico, pero aun así podemos discernir figuras entre el follaje: el águila con su presa, un hombre obeso que sostiene sobre sí la línea de imposta, animales enfrentados y una dama que también finge sostener la imposta.

En el interior destaca el arco triunfal apuntado que abre paso al presbiterio ochavado. Este arco queda sostenido por columnas pareadas con decoración vegetal y basas con forma de garras. En los capiteles de las columnillas se advierten figuras de ángeles tañendo cuernos y señalando al cielo advierten de la llegada del Evangelio. También aparece allí la profusa cabeza de dama con barbuquejo. Las claves muestran decoración vegetal, un Agnus Dei y una flor.

De los ventanales que se muestran en el exterior, al interior sólo se puede apreciar uno, puesto que el retablo neoclásico de 1789 oculta los demás. Sin embargo, es de gran interés, puesto que, además de conservar restos de policromía original, sus capiteles son historiados y muestran una gran calidad. Uno de ellos representa la duda de Santo Tomás que, agachado, introduce su dedo en la llaga de Cristo, vestido con una túnica que deja al descubierto su torso y que sostiene en su mano un báculo coronado por una cruz. El siguiente capitel muestra tres santos, de los cuales el más identificable es San Pedro, porque porta las llaves. Los otros dos del flanco opuesto exhiben decoración vegetal, aunque en uno de ellos se pueden distinguir también dos arpías.