Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora de Añua

Añua es una pequeña localidad perteneciente al ayuntamiento de Elburgo desde el siglo XIV, por un privilegio que dictó el rey Alfonso XI de Castilla. A pesar del pequeño tamaño de esta población, tuvo que tener un esplendoroso pasado a juzgar por su excelente iglesia y por los 900 maravedíes que dicen las crónicas que aportó el pueblo para una campaña contra los árabes en el año 1294. Fue precisamente en este momento, a finales del siglo XIII, cuando se comenzó a construir el magnífico ábside ochavado de cinco paños que ejemplifica a la perfección el paso del estilo románico al gótico. En él, podemos contemplar soluciones arquitectónicas que más adelante se convertirán en habituales, conviviendo con recursos románicos muy ensayados. Además, aquí podemos observar también un rico imaginario en las figuras esculpidas, que destaca por su buena factura y también por mostrar muchas de las imágenes más habituales en la iconografía de la Llanada Alavesa, así como otras más difíciles de identificar

Añua

Destacan sus arcos apuntados enmarcados en cada paño por una serie de arquerías ciegas con columnillas que subrayan la verticalidad del edificio, característica poco habitual en las iglesias alavesas y que nos enlaza con el estilo gótico. Además, algunos de los paños tienen unos bellos óculos en forma de flor que le dan mucha personalidad al templo. La decoración vegetal es muy profusa por todo el ábside, incluyendo también flora típica alavesa, como una serie de plantas similares a nenúfares. Pero también encontramos aquí, como rasgo típicamente románico, una de las colecciones más interesantes de canecillos de toda la Llanada. Recorriendo el ábside desde su lado sur hacia el norte, obstruido por una sacristía que se construyó durante una reforma en el siglo XVI, podemos ver las siguientes figuras: un mascarón muy deteriorado, una cabeza que saca la lengua y tiene un elemento cilíndrico bajo la barbilla, otra cabeza cubierta por una piel de león con las fauces abiertas, un león con la garra levantada y una bola bajo ella, una testa de toro, y la cabeza de lo que parece un juglar con sombrero picudo. Si seguimos por el segundo paño vemos: un mascarón con grandes ojos y lengua colgante, una dama con tocado en actitud exhibicionista, un hombre que también está mostrando su desnudez, un cantero con pico y un monstruo con dientes afilados. En el siguiente encontramos una pareja de encapuchados dándose la espalda, dos personajes agarrándose de la mano a través de una columna, un monstruo de fauces abiertas y una cabeza sonriente. Después hallamos una cabeza deteriorada con grandes dientes, otra testa de toro muy estilizada y a partir de ahí, en los demás canecillos, encontramos ornamentación vegetal.

Canecillos de Añua (hombre itifálico, escultor, mascarón)

Canecillos de Añua. De izquierda a derecha: hombre itifálico, escultor, mascarón.

Es muy interesante también la decoración que se puede encontrar en los capiteles de las arquivoltas de las ventanas del ábside. Ahí podemos encontrar varios elementos que veremos en otras iglesias de la Llanada, como por ejemplo damas con barbuquejo, el tocado típico de la época, el águila que lleva entre sus garras un conejo o la flor de seis pétalos inscrita en un círculo. Tenemos también otros elementos menos habituales en la escultura románico-gótica alavesa, como las arpías que rodean una cabeza o una interesante talla en uno de los capiteles de dos figuras, probablemente ángeles, que transportan sobre una especie de sábana o lienzo a otra, que representa el alma de un difunto que es conducida a los cielos tras su muerte. En el interior estas ventanas también tienen columnas con capiteles decorados y además conservan restos de policromía del siglo XIV, aproximadamente, que han podido ser datadas por comparación con las de Alaiza. De las de la Natividad de Nuestra Señora sólo se conservan restos de pinturas ocres, rojas y azules, y una escena incompleta compuesta por algunas figuras similares a las de Alaiza en lo que parece un castillo. Estos restos de policromías del ábside fueron descubiertos durante una reciente restauración, cuando se movió el retablo barroco que cubría toda la cabecera.

Otro interesante resto de policromía medieval que todavía podemos contemplar en el interior procede en realidad de la portada del templo, y fue arrancado para cambiar su ubicación. Se trata de una representación de una ciudad medieval amurallada, con torreones entre los lienzos de muralla y con representaciones de torres y chapiteles en el interior. Una serie de banderolas decoran la ciudad, que podría tratarse de una representación de la Jerusalén celestial.

En cuanto al resto del templo, son fácilmente perceptibles las intervenciones posteriores. Cuando se amplió la iglesia en el siglo XVI se respetó el ábside aunque se modificó por completo el cuerpo y se añadió la torre que podemos contemplar hoy en día. Además, también se elevó en altura la iglesia para permitir la entrada de los grandes retablos que cubrieron toda la cabecera. Un siglo más tarde, en el XVII se añadió la sacristía que hoy tapa el ábside por su zona norte y además se incluyó el retablo del que ya hemos hablado. En definitiva, la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora de Añua nos relata la típica historia constructiva de los templos de Álava, aunque su particular ábside nos sitúa en unos tiempos de transición entre el románico y el gótico. Además, gracias a la calidad de su escultura y a su derroche imaginativo, podemos declarar que esta iglesia se encuentra entre las más bellas y particulares de toda Álava.