Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tuesta

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tuesta sorprende inmediatamente tanto por la calidad y la profusión de su escultura como por la belleza de su arquitectura, perfecta muestra de un momento de cambios en las artes de la época. Por ello no es de extrañar que sea popularmente conocida como “la catedral de Valdegovía”. Tanto sorprende su excepcionalidad dentro del contexto del románico alavés que los lugareños inventaron una historia para explicar semejante templo en un pueblo tan modesto. Cuentan que el obispo de Burgos ordenó a los artífices construir una iglesia en Valpuesta, pero éstos, confundiendo el nombre del pueblo, la ubicaron en Tuesta. De este error nacería el dicho: “la iglesia de Tuesta está mal puesta porque es la Valpuesta”. Leyendas y humor aparte, lo que sí que es cierto es que existe cierta oscuridad documental que nos impide conocer su uso en origen y el porqué de su riqueza artística.

Tuesta

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tuesta

Existen por lo tanto diversas teorías en cuanto a su origen: órdenes monásticas desaparecidas, el influjo del Camino de Santiago, o posibles mecenazgos, como el de Alfonso VII de Castilla o el de don Diego Lope de Haro. Sin embargo, resulta especialmente llamativa la teoría sobre la participación de la Orden de los Templarios en la ejecución del templo. A su favor se puede argüir la concepción de iglesia-fortaleza que tuvo en origen el templo de Tuesta y que hoy en día se ve muy desvirtuada por las modificaciones constructivas y restauradoras. Originalmente existía un torreón defensivo en lo alto del templo, a los pies de la iglesia, que servía como atalaya de vigilancia. Además, los fuertes muros sin vanos señalan la primitiva función de fortaleza de la iglesia. Todo ello quedaría remarcado por la presencia de varias escenas bélicas y de santos guerreros en la escultura, como San Miguel matando al diablo, San Martín, San Jorge venciendo al dragón, Sansón abriéndole las fauces al león o un guerrero matando un oso. Además, la capilla más antigua del templo estaría dedicada a Santiago Matamoros y hay varias tallas en diversos lugares de la cruz patada que empleaban como insignia los caballeros del Temple. También son varios los rastros documentales y arquitectónicos que ubican a los templarios en esta zona geográfica, como en el monasterio de San Juan de Acre, en Salinas de Añana, o Villamaderne y Bellojín, lugar éste último donde tenían un monasterio.

De lo que sí se tiene constancia es de que las primeras referencias a Tuesta datan del siglo X y parece que nunca fue una población de muchos habitantes, aunque se desconocen los datos de la Edad Media. Lo que sí se sabe es que entre los siglos X y XI el cultivo de la viña fue el cultivo más importante de la zona, ya que el monasterio de Valpuesta recibía el vino de esta región para uso litúrgico. La aldea de Tuesta se ubicó sobre un altozano y la iglesia ocupa el borde del terraplén en el este, mientras que el pueblo se desarrolló en dirección norte-sur. Se sabe por algunos indicios documentales que antes de la actual iglesia tardorrománica tuvo que existir otra de estilo prerrománico de la cual nada se sabe, pues sólo se ha encontrado como posible vestigio arqueológico un arco enterrado bajo los cimientos del ábside. De cualquier manera, los inicios de la construcción de la actual iglesia se datan en la primera mitad del siglo XIII, momento en el que el maestro Elías ejecutaría el ábside. El templo se construiría, como acontecía tradicionalmente, desde la cabecera hasta los pies, siendo la portada la última zona en realizarse, donde se aprecia ya la apertura hacia una nueva estética gótica. Durante el siglo XVI se realizó la sacristía, cuyos vestigios pueden hoy en día contemplarse hacia el exterior del edificio, en la zona norte del ábside. En el siglo siguiente se construyeron la torre del reloj y el pórtico.

En los años sesenta, y de la mano del arquitecto Jesús de Guinea, se restaura el templo con criterios esteticistas, tratando, según la moda restauradora del momento, despojar al edificio de todos aquellos elementos que, según su juicio, contaminaban el aspecto románico del mismo. Por ello se destruye el coro renacentista que existía en el interior, el torreón de aspecto defensivo que se encontraba al exterior, a los pies del templo, y la sacristía renacentista de bóveda nervada. Asimismo, se mueve el retablo renacentista que ocultaba la parte de la cabecera e incluso se traen algunas piezas románicas (algunos canecillos y un par de ventanales) procedentes de Betolaza.

El perfil de los pies de la iglesia ha variado profundamente debido a las últimas restauraciones a las que se vio sometido (ver galería superior). A pesar de que hoy en día se puede intuir el papel de fortaleza que tuvo este templo en época medieval, reforzado por sus potentes muros, hace unas décadas todavía conservaba elementos que definitivamente delataban ese pasado, como el torreón medieval que servía de atalaya para vigilar los alrededores. Su perfil, que sobresalía varios metros por encima de la espadaña, poseía una ventana que miraba hacia el este, hacia el valle del río Omecillo, y que tenía un dintel sostenido por columnas. Perdida ya su función defensiva, el torreón se mantuvo y además se le añadió la actual torre del siglo XVI, que conectaba con ella y también con el cuerpo de campanas medieval. Esta torre alberga hoy en día el mecanismo del reloj y se remata en una especie de bovedilla.

Durante los siglos XVI y XVII, además, se abrieron vanos en la pared oeste para aclarar el interior y otorgarle mayor luminosidad, pero hoy en día, debido a las últimas restauraciones, se encuentran cegados. Sin embargo, lo que más llama la atención de la fachada oeste es su espadaña de grandes dimensiones. La solución arquitectónica para soportar su gran peso consistía en realizar dos altos arcos muy apuntados que permitían desplegar tres contrafuertes y distribuir mejor las fuerzas de la estructura. Por lo tanto, este muro-cortina macizo que hoy en día podemos contemplar sirve al mismo tiempo como soporte para la poderosa espadaña y como cierre de la fachada oeste. Esta misma solución arquitectónica de arcos muy apuntados para sostener espadañas de gran peso y estatura lo veremos también en Villamaderne. De los cuatro vanos para campanas que hoy en día conserva la espadaña, dos son de época medieval (los apuntados) y los otros dos (los más pequeños) fueron abiertos durante la restauración de los sesenta.

En cuanto a la cabecera del templo, ésta destaca por su forma poligonal, ejemplo poco habitual en las tipologías alavesas, pero que cuenta con algún precedente interesante, como la iglesia de Hueto Abajo. Su aspecto poligonal queda remarcado por los gruesos contrafuertes que sostienen la bóveda de gallones del interior. Estos potentes contrafuertes favorecen los efectos de claroscuro y les dan mayor profundidad a los ventanales de la cabecera. La escultura de los capiteles se caracteriza por presentar toda una colección de retratos en diferentes actitudes, en los que predominan los rostros masculinos inexpresivos, aunque sobresalen uno con los labios salidos y otro con la boca torcida o el trifronte. En la siguiente galería pueden verse algunos de estos ejemplares y, en la fotografía de López de Guereñu, se aprecia cómo algunos aleros no contaban con canecillos.

La portada sur, tan profusa en decoración escultórica, posee siete arquivoltas completamente talladas en las que se representan distintos temas. Por ello es difícil darle un sentido unitario al mensaje que quiere transmitir el templo. Porque lo que aquí se muestra es una enciclopedia del Medievo, toda una cosmovisión que se encuentra bien jerarquizada y plagada de referencias culturales, desde las más cotidianas hasta las más teológicas, con lo cual las posibilidades de interpretación se disparan. De forma muy general se puede alegar que en la portada de Tuesta se muestra de forma evidente la lucha entre el bien y el mal, especialmente a través de escenas de batallas, pero también por las oposiciones que existen entre las virtudes y los pecados aquí representados. Además, las escenas religiosas trascendentes se mezclan con las de vida cotidiana, lo cual nos indicaría que esta lucha tiene lugar tanto a nivel metafísico como a nivel terrenal, en todos los aspectos del mundo y de la existencia.

Otro de los grandes temas que aparece reflejado en esta portada es el de la música, que se muestra en casi todo el espectro de arquivoltas, desde ángeles músicos hasta rústicos txistularis (flautistas) y músicos profesionales. Es necesario recordar que en la Edad Media la música era un instrumento de conocimiento más para entender la armonía del universo y un elemento imprescindible dentro de la liturgia cristiana.

Para empezar a analizar las arquivoltas es necesario mencionar que el número siete en la Edad Media representa un número completo, una colección, algo terminado. Por ello aparecen aquí siete arquivoltas. Las dos primeras, desde el interior, presentan motivos geométricos; la tercera, la gloria celestial, representada por diez ángeles bajo doseles, de los cuales cinco son músicos y otros cinco portan libros y palmas de victoria; la cuarta muestra lo que tradicionalmente se denomina “los oficios”, una colección de ocupaciones y actividades propias de la Edad Media y que muestran un amplio abanico de labores y de tipos humanos; en la quinta el tema básico es la fauna (especialmente de aves y cuadrúpedos) aunque también se incluyen aquí seres fantásticos; la sexta acoge las principales escenas de batalla y una curiosa Andra Mari en miniatura, mostrando el ella la mentalidad caballeresca de la época; y finalmente la séptima se organiza en tres grupos de siete dovelas cada una, en las que se muestran a los lados en la parte inferior los pobladores del bosque, tanto humanos como animales, en la parte superior escenas de luchas, oficios, e incluso una cópula, y arriba del todo la figura de un ángel controlando la jerarquía.

Si nos fijamos en los capiteles de las jambas podremos ver, tanto a la izquierda como a la derecha, una pareja de harpías y un centauro asaeteando a un grifo, y una serie de dragones y harpías. Se ha querido ver en ellos elementos protectores del templo. El resto de capiteles están basados en las bienaventuranzas y muestran una serie de virtudes y pecados por oposición antagónica. También se muestran allí la boca del infierno y una serie de demonios arrojando por ella a los pecadores y dos demonios luchando entre sí, lo que hace referencia a una máxima bíblica que reza: Si Satanás lucha contra Satanás, ¿cómo subsistirá su reino?

Pero todo este orden del universo que queda reflejado en la portada de Tuesta culmina con la serie de figuras ya de estilo gótico que coronan las arquivoltas. Allí se puede ver, a mano derecha, una Anunciación, en la que la humilde María recibe el mensaje divino de boca del Ángel Gabriel y se somete a sus designios, como una esclava del señor. Esta escena contrasta, de nuevo por oposición, con la María triunfante y coronada, como una reina, que se encuentra en lo alto. Está recibiendo la Adoración de los Reyes Magos, que se someten a ella, reina de reyes, como madre de Dios todopoderosa. La victoria definitiva entre esa batalla entre el bien y el mal radica en la supremacía de la Virgen.

Ya en el interior, nos sorprenden una serie de cabezas cuyos gestos van desde la calma de la mujer con barbuquejo en una línea de ánimo descendente hasta los monstruosos rasgos de la última testa. Los rostros se extienden por multitud de capiteles, siendo en su mayoría masculinos. En los años sesenta se mueve el retablo (que queda, de este modo, a los pies del templo) dejando a la vista la cabecera con unos magníficos ventanales de medio punto. Las aristas de la cuenca absidial culminan en una clave que muestra unos Ángeles portando la cruz templaria (o procesional) y elevándola sobre una sábana, como suele verse en la iconografía de la elevación del alma de los difuntos. Un último detalle nos incide una vez más en la excepcionalidad de la obra. En otra de las claves, aparece un Cristo en majestad bendiciendo con un libro en la mano donde aparece la inscripción Elias me fecit (Elias me hizo), lo cual podría estar aludiendo al maestro de obras que se encargó de levantar uno de los edificios más sobresalientes del País Vasco.

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