Ermita de Nuestra señora del campo de Maeztu

Maeztu se encuentra en pleno valle de Arraia, que en época medieval constituía un lugar de paso obligado que conectaba la Llanada con la Rioja y Navarra. Por lo tanto, era una zona rica, como se refleja en la Reja de San Millán, donde se cuenta que Maeztu aportaba dos rejas a San Millán de la Cogolla, con lo que nos habla de una población estimada de unas veinte casas. Además, fue un lugar codiciado por las grandes familias, como la de los Gaona, que lograron instaurar un señorío en la zona en el siglo XIV con el apoyo del rey Enrique II. El señorío de Arraya se componía por las villas de Azáceta, Vírgala Mayor y Menor, Maeztu y Atauri, y permaneció en manos de los Gaonas hasta finales del siglo XVI, cuando la muerte sin descendencia de Pedro Gaona hizo que sus territorios pasaran a la corona. Sin embargo, fue por poco tiempo, porque a mediados del XVII Diego Sánchez de Samaniego y Gamarra adquirió el señorío a la corona de Felipe IV por trece mil ducados de plata. Descendiente de aquel señor fue Félix María de Samaniego, célebre fabulista y escritor alavés, que a su vez fue señor del valle de Arraia.

Nuestra señora del campo de Maeztu

Salida desde la oficina de turismo de Vitoria-Gasteiz

La actual ermita posee la advocación de Nuestra Señora del Campo, pero es preciso tener en cuenta su particular historia, ya que en un principio nació bajo la advocación a Santa Eufemia. Cambió la titularidad del templo cuando se decidió reconstruir la ermita que hoy en día podemos ver: sobre la antigua de Santa Eufemia se reincorporaron abundantes materiales reaprovechados de la ermita de Nuestra Señora del Campo, demolida a finales del siglo XVIII por su estado de ruina, trasladando aquí, entre otros, el retablo y la imagen principal. Aunque en buena medida lo que vemos es el resultado de una importante trasformación, esta  ermita de Maeztu muestra desde un punto de vista tipológico uno de los ejemplos más completos de románico de la zona de la Montaña y nos permite acercarnos con gran verosimilitud a lo que podía ser una iglesia románica a finales del XII. Además, su decoración y su estilo representa el estereotipo de las iglesias románicas de la zona, a pesar de que admite el influjo de la Llanada y de las grandes corrientes internacionales, como la del Císter.

El edificio posee una nave recta de tres tramos con la cabecera de dimensiones ligeramente más reducidas. En el interior destacan los capiteles de su arco triunfal, en los que predomina el motivo de los grifos; en uno de los casos una pareja enfrentada en solitario y en el otro la misma pareja de grifos flanqueando a un personaje con túnica. De particular interés resulta también la ventana absidial, compuesta por unas columnillas sobre una basa con garras que presentan una decoración vegetal en los capiteles, donde asoma un mascarón humano. En el interior aún es visible una credencia con arco apuntado que aún cumple su función litúrgica.

En el exterior la portada hace gala de uno de los ejemplos más bellos y complejos del románico de la Montaña, a pesar de su aparente sencillez. Su ornamentación vegetal geométrica resulta de gran belleza a la par que sobria, siendo modelo además para más templos de la Montaña. Pero, sin desmerecer la portada, lo que quizá más llame la atención sea la colección de canecillos con rostros enigmáticos que observan al fiel al entrar al templo. En las esquinas se encuentra un motivo típico del románico de la Llanada: la dama y el caballero. Entre ellos se ubican canecillos de modillones, un barril y también otro tipo de rostros de hombre con sombreros, de difícil interpretación.

Existen más canecillos lisos en la zona sur, que marcan la altura primitiva de la cabecera de la ermita y que se prolongan hacia el este, donde podemos apreciar otra vez figuración. En esta zona, sobre la ventana, destacan los canecillos de modillones de rollos, un personaje al que le salen hojas por la boca, un cuadrúpedo mordiéndose la cola, un personaje con túnica por la que asoman sus pies y con un sombrero en la cabeza, varios animales con grandes fauces y un monstruo de grandes ojos.

En cuanto al exterior de la ventana absidial, su decoración es mayoritariamente vegetal, con hojas de acanto que preconizan el gótico y con una arquivolta decorada con gruesos dientes de sierra, que será uno de los elementos ornamentales más característicos de la Montaña.