Ermita de Nuestra Señora de Ayala

A apenas un kilómetro de Alegría-Dulantzi se encuentra localizada la ermita de Nuestra Señora de Ayala, uno de los templos románicos de la Llanada alavesa mejor conservados. Tiempo atrás formaba parte del trazado del Camino de Santiago y era el templo parroquial de la aldea de Ayala hoy en día despoblada, pues sus vecinos se trasladaron a Alegría-Dulantzi. A finales del siglo XIX la iglesia se encontraba prácticamente en ruinas y en el libro de Antonio Pirala Provincias vascongadas ya se comentaba que se debía evitar su “completa destrucción”. Afortunadamente, restauraciones posteriores impidieron su derrumbe y hoy día puede contemplarse en el marco de un amplio espacio natural habilitado para su visita. En la siguiente fotografía de principios del siglo XX puede apreciarse el estado de ruina en el que se encontraba.

 

Ermita de Nuestra Señora de Ayala

Fotografía de Lorenzo Elorza publicada en 1915.

El edificio se compone de una nave longitudinal con presbiterio recto que se cierra con un ábside semicircular. También llama la atención su pórtico exterior, algo poco habitual dentro de las iglesias románicas alavesas, muy similar al que podemos contemplar en la cercana localidad de Erentxun. La portada que se abre en su muro sur sigue la estética cisterciense que tuvo mucho eco en la Llanada y apenas cuenta con decoración figurativa si exceptuamos unos sencillos motivos vegetales. La cabecera cuenta con dos ventanales, el primero de ellos y más oriental es una sencilla abertura coronada con bolas con caperuza; y el segundo, más desarrollado y apuntado, cuenta con tres arquivoltas y sobrearco. Los capiteles de esta última ventana tienen decoración de hojas vegetales y rostros de damas y varones en la línea de lo que puede contemplarse en diversas iglesias de la zona como Ezkerekotxa u Oreitia.

Cabe destacar el conjunto de canecillos que se despliegan a lo largo del alero del tejado por el lado de su fachada principal. Entre los distintos motivos, llaman la atención por su expresividad un monstruo dentado o un mascarón de ojos almendrados, o por su iconografía una concha de peregrino –en clara conexión con el Camino de Santiago– o una cruz griega con cuatro bolas.