Los pórticos del convento de San Francisco de Vitoria-Gasteiz

Recientemente, durante las obras del entorno del Memorial de las Víctimas del Terrorismo, han surgido bajo las palas excavadoras algunos restos del desparecido convento de San Francisco. Para algunas personas ha sido una sorpresa, aunque otras resaltan que era lo esperado, dado que es frecuente que quede algún resto o vestigio de lo que un día hubo en pie. En este caso han salido a la luz tanto las cimentaciones del antiguo pórtico de acceso a la iglesia, como su antiguo suelo y los huesos de algunos cadáveres que fueron enterrados en la zona en una época aún por determinar.

Para arrojar algo de luz sobre estos vestigios y conocer qué es lo que sabemos hasta la fecha sobre esa zona concreta del convento, os presentamos a continuación una panorámica del pórtico (o más bien pórticos) que dieron acceso a la iglesia del convento de San Francisco de Vitoria desde la Edad Media hasta su desafortunada demolición en 1930. [Fig. 1]. La información que presentamos es un resumen del libro «La ciudad perdida» que publicamos hace unos meses (ver libro).

Fig. 1. Detalle del plano en el que se destaca la ubicación del pórtico de los pies.

Los pórticos de San Francisco

En primer lugar, debemos saber de qué pórtico concreto estamos hablando. En la documentación medieval del convento se habla de varios “portegados y calostras”, es decir, galerías porticadas y claustros que cubrían varias zonas del complejo. Sabemos gracias a un documento de 1482, que pone limitaciones a los espacios en los que podían estar los judíos vitorianos cuando se hacía misa en San Francisco, que existía un pórtico adosado al muro norte de la iglesia, justo al lado de la capilla de la Magdalena, único resto que hoy en día queda en pie del difunto convento. Los documentos nos dicen que este pórtico fue el escenario en el que se juntaron los nobles alaveses de la Cofradía de Arriaga en 1331 para preparar el documento de la Voluntaria Entrega. De esta zona porticada no nos queda vestigio fotográfico alguno, ya que, a lo largo del siglo XV, se fueron construyendo las diferentes capillas privadas que se abrieron en el muro norte de la iglesia, siendo la primera en construirse la capilla de la Magdalena, entre los años 1476 y 1482. Para hacernos una idea de cómo pudo haber sido este pórtico podemos recurrir, sin embargo, a una imagen de 1704 del convento franciscano de Valencia, en muchos aspectos muy similar al que tuvimos en Vitoria, donde se ve en primer plano una galería que recorre el muro norte de la iglesia.

Fig. 2. Plano de Tomás Vicente Tosca con la vista del convento franciscano de Valencia, 1704.

El pórtico medieval

En cuanto al pórtico que nos ocupa, el del oeste, cuyos restos han surgido durante las obras de rehabilitación de la zona, en realidad debemos hablar más bien de pórticos, ya que fueron tres los que se edificaron a los pies de la iglesia: uno medieval, otro renacentista y finalmente uno barroco. En cuanto al pórtico medieval, poca información documental podemos aportar, más allá de la referencia genérica que se hace de los “portegados y calostras” (en plural) del convento y de que  indudablemente existió, como se nos demuestra a través de un contrato de obra que comentaremos más adelante. Sin embargo, hay una curiosa imagen que se tomó durante el proceso de demolición, en la que nos aparece un posible vestigio del pórtico medieval. El punto de vista del fotógrafo es desde los restos ya destruidos del antiguo colegio de la Anunciación, por lo que nos muestra parte de la portería de acceso al convento. Pero lo que nos interesa queda enmarcado en un círculo, donde vemos, en el muro de acceso a la iglesia, un arco gótico cegado que pudo pertenecer al primitivo pórtico del siglo XIV [Fig. 3].

Fig. 3. Vista del derribo del convento en la que se aprecia el arco gótico cegado (Fotografía de E. Guinea, A.M.V.G., sig. GUI-IV-132_07).

El pórtico renacentista

Sin embargo, durante el siglo XVI, se va a emprender una profunda reforma del pórtico. Para entonces, este pórtico no debía sólo cubrir el acceso a la iglesia gótica, cuya portada podemos ver en fotografías antiguas [Fig. 4], sino que también servía como distribuidor que daba acceso tanto a la portería del convento como a la capilla de San Cosme y San Damián, situada al lado de la puerta de la iglesia, y que posteriormente sería reformada para convertirla en la lujosa Capilla de la Anunciación. Por lo tanto, debía cubrir un espacio mayor que el antiguo pórtico gótico.

 

Fig. 4. Portada del convento de San Francisco (Fotografía de E. Guinea, A.M.V.G., sig. GUIVI-19_20).

En el contrato de obra, que se conserva en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, se nos dice que se debe “rredificar y azer de nuebo en forma y manera suntuosa el portegado o portada que al presente esta delante de la puerta principal portería y capilla de san Cosme y san damian”, dándole incluso al cantero los “despojos del portegado viejo que al presente esta hecho donde se a de azer el dicho portegado”. La mecenas de este costoso y ambicioso proyecto fue María de Echávarri, descrita en las fuentes como “discreta vezina de la dicha ciudad de Vitoria”, que contrató la obra el 17 de abril de 1567 al prestigioso cantero Iñigo de Zárraga. En este proyecto se planificó también la reforma de la portada de acceso a la iglesia, que se ocultó en buena parte para transformarla en una portada de aspecto clásico, con frontón, cuyos restos todavía se perciben en las fotografías antiguas. [Fig. 5]

Fig. 5. Portada gótica del convento con la transformación de época moderna (Fotografía de E. Guinea, A.M.V.G., sig. GUI-IX-04_01).

Debido a que se conserva en gran medida la documentación de la obra podemos conocer incluso las medidas del pórtico renacentista. Éste debía contar con dos bóvedas cuadradas de 35 pies de lado (9,76m), una junto a la entrada al pórtico desde la calle Cuchillería, y otra contigua a la portería, apoyadas en cuatro contrafuertes con sus cuatro escudos. Como acceso a la portería se manda hacer “un arco artesonado que de ancho tenga ocho pies”, es decir, una elegante puerta de acceso al convento. En cuanto a las puertas que conectaban la plazuela frente a la iglesia con el pórtico, se pidió que tuvieran tres columnas en su interior “sobre las quales a de ollar e cargar sobre un pretil de quatro pies y medio de ala con su modura deçente”. Por el exterior se proyectó una fachada clásica, con arquitrabe, friso y cornisa sobre arcos.

En estas obras también se planteó una necesidad práctica: la construcción de una escalera de siete peldaños que salvase el desnivel existente entre la actual cuesta de San Francisco y el pórtico de la iglesia, ubicado unos metros más abajo. Esta escalera también contó con una sencilla portada formada por una columna de la que surgían dos arcos cerrados en cuyo interior se podían ver un espejo redondo con la imagen de la Virgen con el Niño y en el otro un dios Padre “o otra imagen que mandaren”.

Esta obra generó unos fuertes conflictos que llegaron a pleito. Primero entre María de Echávarri, la promotora de la obra, y el cantero Íñigo de Zárraga, por impagos, y posteriormente entre María de Echávarri y el matrimonio compuesto por Mencía Manrique de Vilella y Juan de Arana, que se encontraban por aquellos años reformando la capilla de San Cosme y Damián para transformarla en su ostentosa capilla de la Anunciación. La portada de acceso a esta capilla era colindante con el pórtico y ambas familias entraron en conflicto por ver quién se encargaba de construir la fachada de la capilla y, sobre todo, quién iba a poner sus escudos sobre ella. Finalmente, los frailes del convento fallaron a favor de los propietarios de la capilla de la Anunciación, que fueron los encargados de darle forma a esta fachada.

Debido a estos pleitos, los impagos, la muerte de la promotora María de Echávarri y otros problemas, la obra del pórtico se prolongó hasta 1611, ya bajo la gestión de los frailes franciscanos, que tuvieron que pleitear en varias ocasiones para poder ver el fin de la construcción. En total, 44 años de obras que finalizaron con el pintado de las bóvedas y el enlucido del muro de mampostería del pórtico.

El pórtico barroco

Poco tiempo estaría vigente el pórtico renacentista, ya que, en 1693, el convento contrató la reconstrucción del mismo al cantero Felipe de Ezcurra. Probablemente esta repentina reforma se debiera al intenso programa que por aquellos estaba emprendiendo el convento para unificar bajo criterios barrocos el interior de la iglesia, reedificando todas las capillas y ocultando el aspecto medieval y renacentista de las mismas. Además, hay indicios de que, para el replanteamiento del pórtico, Felipe de Ezcurra se basó en la misma traza renacentista que usó Iñigo de Zárraga durante las obras anteriores y que, lamentablemente, no ha pervivido hasta nuestros días.

En el contrato del pórtico se planificó la creación de dos accesos exteriores mirando hacia la plaza y otro a la calle Cuchillería, donde recordemos que se había ubicado una escalera para salvar el desnivel. Este nuevo pórtico es el que sobrevivió y, a pesar de que fue reformado nuevamente en la etapa en la que el convento se convirtió en cuartel para ubicar en un piso alto las oficinas de los oficiales, es más o menos el que conocemos a través de las fotografías. [Fig. 6]

 

Fig. 6. Vista exterior del pórtico del convento y la cuesta de San Francisco (Fotografía Anónima, A.M.V.G., sig. AYU-13×18-57).

Para esta renovación se pide que los cimientos se refuercen y se hagan un pie más anchos, posiblemente, debido a algún problema constructivo que padeció el pórtico renacentista. También se planeó elevar la fachada un pie más, decorarla con las típicas pirámides barrocas y, en general, darle un lavado de cara más acorde con las modas estéticas y constructivas del momento. Esto se tradujo al interior sustituyendo las antiguas bóvedas renacentistas por cúpulas de yeso y ladrillo. En un año la obra estaba terminada y entregada.

Poco más se sabe sobre este espacio, salvo que los militares, cuando ocuparon el cuartel, dividieron el pórtico creando dos alturas o pisos comunicados por una escalera que es perceptible en las fotografías antiguas [Fig. 5]. Momentos antes de su demolición, tras una falsa pared, apareció en esta zona la antigua entrada a la Capilla de la Anunciación con restos escultóricos y heráldica que señalaban tanto sus propietarios como su advocación. [Fig. 7]

Las excavaciones arqueológicas que se están realizando en esa zona puede que arrojen algo más de luz sobre esta parte del convento que, como vemos, tuvo una vida constructiva intensa, y sirvió de enlace entre el complejo franciscano y la ciudad. Para conocer más datos sobre estos pórticos y sobre la historia general del convento consulta nuestro libro «La ciudad perdida. Historia cultural del desaparecido convento de San Francisco de Vitoria», a la venta en librerías y en nuestra web.

Fig. 7. Tímpano y arco de la portada de la capilla de la Anunciación, vista desde el pórtico (C.V._C.M._CAJA MUNICIPAL,S.1,SS.5.1_0023).