Álava posee un riquísimo pasado histórico del que dan testimonio los numerosos restos de patrimonio medieval que todavía hoy podemos contemplar. Unos siglos atrás, grandes reyes se disputaban sus territorios, ambiciosos nobles luchaban por mantener sus señoríos, prósperos vendedores comerciaban y manufacturaban valiosas mercancías, monjes, obispos e incluso papas cimentaban la fe cristiana, y numerosos peregrinos de toda Europa cruzaban sus vías jalonadas de iglesias en el camino de la fe que les conducía hacia Santiago. Poder y guerra, riqueza y devoción, se entrecruzan en la historia medieval alavesa, como bien lo demuestran los vestigios que desde esta plataforma deseamos divulgar.

portillaSituada en la conflictiva frontera entre cuatro grandes poderes: el asturiano, el castellano, el navarro y el musulmán, la Álava medieval tuvo que hacer frente a los continuos litigios fronterizos entre estos reinos que pugnaban por aumentar sus dominios en el territorio alavés. De la lucha contra el Islam dan cuenta los numerosos castillos y fortalezas que plagan los montes y colinas, especialmente en la frontera del Ebro, y que los musulmanes, a pesar de sus cuantiosos intentos, jamás pudieron doblegar. De los litigios entre reyes cristianos nos hablan las villas amuralladas que surgieron especialmente entre los reinados de Sancho VI el Sabio de Navarra, y de Alfonso VIII y Alfonso X el Sabio de Castilla, que en su lucha por arrebatarse terreno favorecieron con Fueros y privilegios a las aldeas que encontraban a su paso, para lograr con ello la fidelidad a su causa. Como resto monumental de aquellos tiempos las villas alavesas suelen estar amuralladas y contar con casas fuertes, castillos o fortalezas construidas por estos monarcas para su defensa.

Las favorables leyes y derechos otorgados por estos reyes a los habitantes de las nuevas poblaciones fundadas a su paso, hicieron que las ciudades medievales lograran un gran auge en este tiempo. Los populares mercados, las vías comerciales o la igualdad de derechos garantizada por los Fueros de los que gozaban sus habitantes, los separaban cada vez más de un mundo rural antagonista, dedicado a las labores del campo y frecuentemente sometido a la presión de los grandes señores feudales. Estos diferentes modos de vida se verán reflejados en la arquitectura de las ricas villas, plagadas de palacetes urbanos, de zonas públicas y de fastuosas iglesias, que contrastan con las construcciones rurales, con templos más modestos aunque igualmente bellos, y sobre todo con los inconfundibles perfiles de las casas-torre o de los palacios-fortaleza de las grandes familias nobiliarias.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAÁlava también supuso, debido a su carácter de encrucijada de caminos, un paso obligado para todos aquellos que, por un motivo u otro, debían desplazarse en la Edad Media. Las vías comerciales que conectaban los mercados de Centroeuropa con los de Castilla, los comerciantes que negociaban con Francia o las mercancías que debían llegar a los puertos del Cantábrico tenían su paso obligado por Álava. Pero en su nutrida red de comunicaciones no podía faltar el camino de caminos, el que conducía hacia Santiago, que encontró en el territorio alavés una de las vías más seguras para llegar hasta las reliquias del santo debido a la protección de sus castillos, a la generosidad de sus hospitales y monasterios, y a la comodidad de sus calzadas, que en ocasiones se superponían a la que ya utilizaban los romanos para llegar desde Burdeos hasta Astorga. Iglesias románicas y góticas, hospitales de peregrinos, puentes, casas de aduana y de postas nos saldrán al encuentro al recorrer estas antiguas vías tan concurridas en el pasado y jamás olvidadas por los alaveses.

Clérigos y caballeros, cristianos y judíos, nobles y comerciantes, campesinos y grandes señores feudales, peregrinos y altas damas. Todos ellos conformaban el amplio panorama humano y social que caracterizaba a la Álava del Medievo y que hoy en día podemos recrear a través de los muchos vestigios que se camuflan entre las calles y parajes de sus ciudades y pueblos. Algunos de ellos todavía conservan su fuerza de antaño y son capaces de sorprender al visitante, atrayéndolo hacia un pasado del que todos formamos parte.

LOGO