Antiguos hospitales de Vitoria-Gasteiz: la “seguridad social” de la Edad Media

por | Ago 25, 2017 | Blog |

os hospitales no son un invento moderno: desde que se tiene noticia han existido lugares de sanación y de protección que han acompañado a casi todas las civilizaciones humanas en su devenir. Sin embargo, el concepto de sanidad y los métodos que se empleaban para curar enfermedades, mitigarlas o solventar problemas físicos han variado enormemente en el tiempo. Además, muchas veces estas labores de curación del cuerpo convivían con las también necesarias curaciones del alma, ya que el vínculo que unía a ambas era tan estrecho que muchos males corporales se solucionaban a base de penitencia, fe y oración. Por ello no debemos imaginarnos los hospitales medievales como lugares exclusivamente dedicados a la convalecencia de enfermos, sino que éstos convivían en ocasiones con peregrinos del Camino de Santiago que hacían uso de ellos a modo de albergues o también con mendigos, viudas y otras personas que habían caído en situación de pobreza, desamparo o marginación social y que encontraban en estos emplazamientos comida, cama y la necesaria caridad que requería su particular situación. En Vitoria-Gasteiz existían desde época medieval cinco hospitales, especializados además en distintas necesidades o funciones que eran precisas para atender a los más desprotegidos de la sociedad.

Actual edificio del Banco de España
Antiguo teatro, construido sobre los cimientos del Hospital de Santiago

En el actual edificio del Banco de España se construyó, en 1419, el Hospital de Santa María del Cabello, sufragado por Don Fernán Pérez de Ayala y Guzmán, hijo del famoso canciller Don Pedro, y su mujer Doña María de Sarmiento, descendiente del rey Alfonso XI y segunda señora de Salinillas de Buradón. Se construyó sobre unos terrenos donados por el ayuntamiento, fuera de las murallas pero en una zona estratégica, puesto que se hallaba entre la zona de mercado, las actuales plazas Nueva y Vieja, y el desaparecido convento de San Francisco, cuyos monjes administraban los sacramentos a los viajeros. Era éste un lugar de mucho tránsito y por lo tanto idóneo para el emplazamiento del nuevo hospital, además de que existe la sospecha de que en este mismo lugar ya se encontraba anteriormente una casa de peregrinos. Lamentablemente el Hospital de Santa María del Cabello se quemó en 1507, y tras la catástrofe fue vendido al ayuntamiento por su patrono, sucesor de los fundadores, para su reconstrucción.

Cuando se terminó la restauración, en 1556, se vinculó al Hospital de Santiago de los Incurables de Roma, con lo cual cambió su nombre por el de Hospital de Santiago de la Plaza. Este hospital, en su época de mayor esplendor contaba con dos salas con veinte camas para atender a los peregrinos, separados según su sexo, y una iglesia anexa donde rezar. Posteriormente se le añadiría una tercera sala por la afluencia de público y allí permaneció hasta que se desplazó a su actual ubicación en la calle Olaguibel a comienzos del siglo XIX por necesidades de ampliación. En su solar se construyó de nueva planta el Antiguo Teatro, cuya construcción tuvo gran polémica en sus inicios porque se edificaba sobre antiguo suelo sagrado, ya que ahí se encontraba la capilla del hospital. Este teatro tuvo sólo cien años de vida, ya que un devastador incendio lo destruyó por completo en 1914. Tras este incendio se construyó sobre las ruinas el actual edificio del Banco de España, manteniéndose bastante fiel al estilo anterior del teatro.

Al lado de la Catedral Vieja se ubicaba otro de los hospitales de peregrinos más importantes de la ciudad y también el que se cree más antiguo: el Hospital de Santa María. Esta institución nació al abrigo del templo y, de hecho, en origen ocupaba el espacio de la plaza, estableciéndose al lado de los graneros propiedad de la catedral. Está documentado desde el siglo XV, aunque es posible que existiera desde los orígenes de la fundación de Nova Victoria. Desde el XVI aparece en los escritos como un lugar con renta propia para su mantenimiento. El edificio fue conocido popularmente como “Casa del Obispo”, no sabemos a ciencia cierta si eso fue debido a que los obispos solían hospedarse en este hospital cuando visitaban la ciudad, o bien a que desde siglos antes de que Vitoria fuera nombrada sede de la Diócesis, logro que obtuvo en 1862, ya se ambicionaba este título y el hospital se había pensado como una posible residencia fija para el obispo. Sea como fuere, el primitivo edificio del hospital hubo de moverse hacia un nuevo emplazamiento durante el siglo XVI, ya que la Colegiata de Santa María ambicionaba una torre y para construirla se hizo necesario derribar el viejo hospital y trasladarlo unos metros más al oeste, pegado a lamuralla medieval, con lo cual una de las torres defensivas quedaba dentro de su recinto.

Antiguo hospital de Santa María

De este modo se dejó una calle de unos ochos metros abierta entre el nuevo hospital y la iglesia, hoy conocida popularmente como el “Cantón de las pulmonías”, y que funcionaba como el acceso desde la muralla hasta la parte alta de la ciudad. Sin embargo, la actividad de este hospital, que tenía incluso 70 metros cuadrados de huerta, se vería truncada en 1878, cuando se decidió que en el solar resultante tras su derribo se ubicaría el Seminario Conciliar. La actual fisionomía de este edificio y su planta irregular se debe a las obras de acondicionamiento que sufrió para construir el seminario, cuyos restos se pueden apreciar en la portada de acceso y en el ábside de iglesia que sobresale en su lado norte. El seminario se trasladó en 1930 por falta de espacio y hoy en día este edificio está destinado a vivienda particular, aunque también en sus bajos, y con acceso por la calle Correría, se ubica parte de la Escuela de Música Luis Aramburu. Sin embargo, aún conserva en su patio interior uno de los restos más bellos del hospital de Santa María reinaugurado en 1517: su portada. Formando parte de uno de los portales de acceso a los pisos de vivienda, ubicado en la antigua iglesia del seminario, encontramos la delicada portada renacentista, en origen compuesta de dos cuerpos y de la que actualmente sólo conservamos el inferior. En él puede percibirse la influencia italiana de su decoración de grutescos y además, en las enjutas de los arcos, encontramos una Anunciación. El actual cuerpo superior es del siglo XIX.

Fragmento conservado de la portada del hospital de Santa María
Tumba de Garci Martínez de Estella, fundador del hospital de San Pedro

En las inmediaciones de la parroquia de San Pedro, en la calle Herrería, se encontraban otros dos hospitales de fundación privada. Justo enfrente de la cabecera de la iglesia se ubicaba el hospital de San Pedro, que fue fundado en el siglo XIV por Garci Martínez de Estella, enterrado en el interior de la parroquia, y su esposa Pascuala Díaz de Ayala. En un principio fue pensado para acoger pobres y sobre todo viudas, por lo que era conocido como el “Hospital de las Viudas”. A inicios del siglo XVI se amplió y a partir de entonces contó con acceso desde las calles Herrería y Zapatería y con tres pisos, desván, patio interior y unas catorce camas. Estuvo en funcionamiento acogiendo todo tipo de personas y viajeros hasta mediados del XIX, cuando era patente su ruina y el Ayuntamiento procedió a su demolición. En esta misma calle también se encontraba otro hospital particular, el de San José, también llamado Hospital de Belcha por el sobrenombre que recibía su fundador, Don Pedro Ochoa de Lepazaran. Este hospital contaba con seis camas y comenzó su andadura en el siglo XVI hasta que se integró con la Casa de la Piedad en el XVII.

Ilustración de un hospital medieval

El último hospital que nos queda por comentar, el de La Magdalena y San Lázaro, existió desde el siglo XII hasta finales del XVI, cuando se convirtió en el convento de las Brígidas. Se encontraba en las afueras de la ciudad, donde hoy en día se alza la Catedral Nueva, y entre sus dependencias contaba con: una pequeña iglesia (la de la Bienaventurada María Magdalena, con capillas dedicadas a San Lázaro y a Santa Águeda), una casa con dos pisos de habitaciones segregadas por sexos, huerta y corral. Estaba dedicado a las figuras de La Magdalena y San Lázaro, por lo que acogía no sólo a peregrinos sino también a afectados por la lepra y otras enfermedades infecciosas.

A pesar de lo duros que pudieran parecer los tiempos pasados cuando echamos un vistazo hacia atrás, ya que la historia nos lega noticias de guerras, hambrunas, catástrofes, enfermedades, pobreza… no debemos olvidar que las propias sociedades que sufrían y engendraban tales males poseían también los mecanismos necesarios para paliarlos. Antes de la Seguridad Social auspiciada por el estado, ya existía una “seguridad social” natural, organizada por las cofradías, los gremios, la piedad privada de nobles y ricos, las parroquias… que se encargaban de que el pobre tuviera para comer y el enfermo recibiera cuidados. Todo ello con el doble propósito de evitar alteraciones y revueltas en el orden social, y de ganarse la redención a base de buenas obras. Como vemos, con la cantidad de hospitales que existían en Vitoria-Gasteiz, éste debía ser uno de los mejores lugares donde caer enfermo en la Edad Media.